lunes, 5 de enero de 2015

Temprano muy temprano




El 2 de Enero  hablamos sobre ponernos una meta para este nuevo año y comenzar con una cita temprano con Dios,  espero que me acompañes en esta meta, pero hoy hablaremos del porque en la mañana.

Hay un dicho que dice algo así como
“el que madruga Dios lo ayuda” o
“el que temprano se levanta toma agua clara”

No sé si en tu país lo dicen igual o algo similar, pero hoy quiero que hablemos sobre algo especial que Dios enviaba cada mañana.

Estoy convencida de que la mañana es el mejor momento para conocer a Dios, para estar a solas con Él, para poner todo el día en sus manos.

Este principio quedó profundamente impreso  sobre los hijos de Israel cuando Dios les daba su porción  diaria de maná cada mañana.

Ellos lo recibían directamente  del cielo temprano en la mañana, seis días a la semana, durante 40 años.
Si alguien se quedaba dormido y esperaba demasiado tiempo para recogerlo, el maná se evaporaría con el calor del sol, las que vivimos en un país tropical sabemos lo que el calor del sol puede hacer.





Del mismo modo, pasa con nuestra vida espiritual, si esperamos demasiado tiempo para nuestra cita y estar con Él,  las presiones del día, los imprevistos, las tareas del hogar, las responsabilidades con el trabajo y la familia recibirán toda nuestra atención y nos robaran ese tiempo tan especial, que nos alimenta, y da fuerza, por eso es importante como el maná ir temprano a recibirlo, muy temprano.

Cuanto más ocupada estamos, cuanto más responsabilidades tenemos es allí  cuanto más tenemos que cuidar celosamente ese tiempo para orar y descansar en sus manos.
No permitamos que el maná se derrita, no dejemos perder ese tiempo valioso que nos hace tanto bien a nuestra vida.

Me encanta leer el ejemplo más bello que tenemos, el ejemplo que nos deja nuestro Salvador, fíjate lo que dice:




Te das cuenta porque es importante, vamos chicas tomemos este ejemplo y disfrutemos de su manjar cada mañana, antes que las circunstancias del día nos apremien y hagan que se desvanezca la delicia de estar en su presencia.

Con amor y gratitud









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