lunes, 19 de octubre de 2015

Precioso fruto.



Me gustan las plantas, todos quienes me conocen lo saben, hay dos cosas especiales que me gustan de ellas, las flores y los frutos, bueno a quien no verdad, pero siempre me detengo en esos detalles, cuando veo una flor me maravillo de la perfección del creador, los colores que usa tan especiales, la forma de pintarlas es cautivante a mis ojos, y los frutos son sencillamente  una muestra del sustento para sus criaturas, viene de su mano directamente a tu mesa.

Tengo 5 árboles de aguacate sembrados en mi terreno y no veo la hora de que comience la cosecha, no ha sido fácil hemos comprado abono, y podado para que sea fortalecidos, en verano nos preocupamos de darle el agua que necesitan, es un trabajo arduo y los frutos de nuestra vida deberíamos cultivarlos de manera especial, tener un cuidado especial para que sean frutos fructíferos ohhh parece una redundancia cierto! Pero lo que quiero decir es que ¿no deberíamos de cultivar activamente el fruto del Espíritu en nuestras vidas, para reflejar la Gloria de Dios y la belleza de Cristo?



Pero ¿cómo hacerlo?, no es solo tirarle agua y que crezcan; hay que hacer más.

1-      Debemos conocer el fruto, la Biblia nos muestra que la palabra (fruto) se refiere a la evidencia de lo interno, te das cuenta lo importante que es cuidar lo interno para que sea reflejado en lo externo, como bien sabemos si el interior del fruto está podrido, por más bello que se pueda ver por fuera no sirve, y es así como con nosotros,   por ello es hermoso ver que los frutos del Espíritu no solo encierran belleza externa sino interna, el amor no es bello por su apariencia es bello por lo que es realmente, me gusta leer Gálatas 5:22 y 23 donde se enumeran los frutos del Espíritu

Todos ellos son hermosos y deberían ser una característica de nuestra vida, porque tenemos a Cristo pero ellos serán reflejados solo cuando rindamos nuestras vidas a Él y le permitamos que su Espíritu obre en nosotras.

Todos estos frutos tienen una función especial pero no están separados, no podemos tener uno y sacar el otro, ninguno puede faltar todos deben estar para que podamos tener los frutos del Espíritu.

2-      Debemos  ver las malezas que habrán alrededor de los frutos, cuando mi esposo se mete al terreno pasa horas sacando las malezas yo cuando riego mis plantas en macetas veo la maleza entre ellas, es impresionante esas malezas suelen ser a veces más verdes que mis plantas, con raíces duras de sacar, por ello la Biblia hace mucho énfasis entre la carne y el espíritu  deberemos luchar contra esa carne todos los días de nuestra vida en esta tierra, Gálatas 5:17



No vamos hoy a hablar de ellas, léelas en los versículos 19 al 21  pero es importante verlas y darnos cuenta cuales de ellas son evidentes en nuestra vida, y cuáles de ellas albergamos celosamente en nuestro corazón, tal vez muchos no lo vean superficialmente pero nosotros sabemos que están allí, y el peligro mi amada es que sus raíces crecerán y luego será una maleza dura de sacar, y habrá dolor en ese proceso, oremos como David en el Salmo 139: 23-24  es hora de confesar al Señor lo que Él trajo en esta lectura a tu corazón para que el poder transformador de Dios obre en tu vida.



Es interesante ver todo lo que Dios nos quiere enseñar y profundizar en cada uno de esos frutos preciosos del Espíritu, el miércoles veremos dos aspectos más para luego adentrarnos confiadamente a buscar cultivar, cuidar y fomentar todos esos frutos preciosos del espíritu Santo en nuestras vidas.


 Con amor y gratitud

Olimar

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