lunes, 10 de agosto de 2015

Hambrienta… de ti



Estoy pensando en esto desde el viernes,  que tuve una conversación con un hombre que me compartía que hace solo una comida diaria, siiiii me leíste muy bien, una comida al día,  me puso tan triste que no he podido sacarlo de mis oraciones, desde ese día, se llama Juan, ora por él, como algunas saben, nuestro país está pasando por la temporada más crítica de todos los tiempos, sin alimentos suficientes para abastecer al pueblo, las horas en las colas para comprar son enormes, 8, 10 y hasta 12 horas para obtener algún producto que no alcanzará sino para muy poco, que en ocasiones después de tantas horas y es tu turno ya no hay, y te desgasta, te frustra y te roba el gozo, así que pensaba lo importante que es el alimento físico, pero cuanto mas el alimento espiritual, ese que no se agota, ese que satisface por completo, que te nutre, da fuerza y llena de gozo.


“Por lo tanto, ya que ustedes han sido resucitados con Cristo, busquen las cosas del cielo, donde Cristo está sentado a la derecha de Dios.  Piensen en las cosas del cielo, no en las de la tierra. Pues ustedes murieron, y Dios les tiene reservado el vivir con Cristo.”
Colosenses 3: 1-3

El evangelio transforma nuestras mentes para que podamos pensar como Jesús y desear lo que honrar su nombre.

Pablo advirtió a los Filipenses llamándoles  "enemigos de la cruz de Cristo." En 

Filipenses 3:18 Ya les he dicho muchas veces, y ahora se lo repito con lágrimas, que hay muchos que
 están viviendo como enemigos de la cruz de Cristo,

Y ¿porque? Les llamo así, ellos han fijado su mente en lo temporal y anhelan las cosas del mundo, esas son las que buscan angustiosamente.

Me encanta pensar que como creyentes, nuestra ciudadanía está en los cielos, aunque a veces nos olvidamos de eso, pero  ayer en una bella conversación, admire a una mujer piadosa que no solo ama a Jesús sino que vive hablando de Él a todos quienes pasan por su vida, ella ha invertido tiempo en personas que ni aun conoce, para hablarles del amor de Cristo, ella vive buscando las cosas de arriba, y no en las de la tierra.

Y esa bella y enriquecedora conversación me hizo recordar que NO vivimos para el ahora, vivimos para la eternidad, es allí donde debo estar enfocada, mi apetito debe ser espiritual, debe ser para dar 
gloria a Dios.


Salmo 115: 1
Señor, glorifícate a ti mismo, y no a nosotros; ¡glorifícate, por tu amor y tu verdad!


 Nuestras almas fueron creadas para desear la gloria de nuestro Salvador.

Cuando Pablo se refiere a las personas cuyo "dios es el vientre", se está refiriendo a las personas que anhelan este mundo,  ellos codician el orgullo, la riqueza, el reconocimiento, la vanidad  y cualquier cosa que sea de naturaleza efímera.
Ellos anhelan su propia gloria,  pero el creyente verdadero busca a Jesús, tiene un hambre por Dios y su Palabra,  anhela dar la gloria a Dios y solo es satisfecho en  Jesús

El evangelio no sólo ha transformado nuestra vida y nuestro enfoque, también  ha trasladado nuestra 
ciudadanía al cielo, yo soy ciudadana del cielo, y eso nunca lo debemos olvidar, eres tú también ciudadana del cielo?

Vivimos hoy para lo que está por venir y esa es una de las cosas más emocionantes de nuestra vida! Las pruebas, las tentaciones y las luchas que nos dan la bienvenida todos los días en medio del mundo en el que vivimos, no deben robarnos el gozo de ser hijas de Dios, nosotras anhelamos que venga Jesús, esperamos a nuestro Salvador, y nuestro corazón late más rápido y más rápido a medida que le anhelamos, que estas pruebas y dificultades nos hagan valorar la esperanza gloriosa que tenemos en Cristo Jesus.

Algunas preguntas para reflexionar

1.      ¿Qué anhelan tu alma?
2.      ¿Dónde está tu corazón, tu fe y tu esperanza?
3.      ¿Anhelas a Jesús y su venida, más que otra cosa en este mundo?


Es mi oración que tu vida pueda anhelar y tener hambre de Cristo y su Palabra, que tu apetito sea el espiritual y no temporal, que tus ojos estén puesto en lo eterno.

Dios te bendiga.





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